martes, 24 de noviembre de 2015

Bestiario. Julio Cortázar




     Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación.
     También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
     Fui a la cocina, calenté la patita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
     -Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo.
     Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
     -¿Estás seguro?
     Asentí.


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Hacía tiempo que quería traer Bestiario a Pseudoficciones, pues la considero una obra fundamental y completamente indispensable para el establecimiento de ciertas bases de la literatura y de la ficción modernas. Bestiario es una obra impresionante, casi fundacional, donde Cortázar es capaz de dejarnos sin aliento, reflexionando durante días y releyendo una y otra vez cada uno de los ocho pequeños relatos que componen el volumen, especialmente como pequemos de lectores inocentes en exceso que esperan encontrar un libro de cuentos, sin más. Y es que los cuentos de Cortázar tienen trampa, y mucha.

Julio Cortázar no es un autor que requiera una presentación especialmente rebuscada. Fue uno de los grandes agitadores del literatura del siglo XX, cuyo legado va mucho más allá de lo literario, pese a que una de sus obras, por romper con ciertas convenciones de la novela hasta la fecha haya pasado a la historia como una excéntrica genialidad: Rayuela. Además, Cortázar forma parte de la exclusiva nómina de autores latinoamericanos que comenzaron a ver el mundo con otros ojos, en un fenómeno que fue conocido como el Boom hispanoamericano junto a García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y muchos otros nombres de peso. Por diferencias con el gobierno argentino, Cortázar pasó la mayor parte de su vida en Europa, especialmente en París, donde localizará numerosos de sus relatos a partir de los años sesenta.

Como decía, Bestiario es una obra impresionante donde, en apenas 140 páginas, Julio Cortázar hace que nuestra realidad se tambalee de un modo magistral, consiguiendo algo magnífico, único, como es reinventar el género de la literatura fantástica. Hasta la fecha, la literatura fantástica se definía como la opuesta a la literatura realista, es decir, aquella que pretende imitar a la realidad. Afirma Todorov que "lo fantástico es la vacilación, el temor experimentado por un ser que no conoce más que las leyes naturales, frente a un acontecimiento sobrenatural". Es una definición completamente plausible hasta la llegada de autores como Kafka y su Metamorfosis, que inaugurará una manera totalmente nueva de ver la fantasía que Julio Cortázar sublimará aquí en Bestiario. Y es que los personajes de Cortázar viven en un mundo completamente normal, como el tuyo y el mío, pero les ocurren cosas  sobrenaturales, cosas que desafían el orden lógico del mundo, y en lugar de sorprenderse, lo aceptan con total normalidad, lo que constituye una novedad que cambiará la ficción para siempre, y que asentará entre otras cosas los cimientos del celebrado "realismo mágico".

Para entendernos, los relatos de Cortázar en Bestiario funcionarían como un puente. El lector va caminando en una dirección, leyendo sobre lo sólido, sobre el mundo que conoce. Pero por debajo, y en sentido contrario, fluyen aguas que apenas se intuyen, se oyen como un eco, y que vienen a agregar el elemento sobrenatural al relato. Reseñemos rápidamente los cuentos:


  • Casa tomada es uno de los relatos más conocidos de la literatura universal, y uno de mis favoritos del volumen. Una pareja de hermanos vive con aparente armonía en una casa grande. Pero de pronto, y sin que ellos parezcan inmutarse, "algo" desconocido conquista una habitación de la casa, a la que ellos nunca más podrán entrar. Y ahí no se quedará la cosa, porque "lo desconocido" es insaciable. El relato me sugiere cierto paralelismo con las conquistas bélicas y las expulsiones que estas suelen acarrear hacia los que se convierten en refugiados y expulsados. Una maravilla
  • Carta a una señorita en París es un relato extraño. Un hombre está viviendo circunstancialmente en el apartamento parisino de una amiga, a la que le escribe una carta contándole su gran secreto, que está haciendo que el apartamento se vea cada vez más deteriorado: de vez en cuando, entre grandes angustias, vomita un conejito. Sí, sí, un conejito. De verdad. Y lo malo es que cada vez vomita más y más conejitos que no se atreve a matar.
  • Lejana ofrece tal sorpresa al final que poco revelaré del argumento. Es el relato más difícil de leer, y en él, una señorita de la alta sociedad, Alina Reyes, tiene visiones y sueños de una señorita que parece ser una especie de indigente que vive en Budapest. Las visiones la atormentan de tal modo que buscará la manera de ir a Hungría a reunirse con lo que parece ser su destino.
  • Ómnibus es una obra de arte llena de simbolismo. Una muchacha se monta en un autobús cuyo destino final es el cementerio. Por ello, no le extraña que todo el mundo lleve un ramo de flores. Pero poco a poco, a medida que se va montando gente, todos comienzan a mirar descaradamente a la protagonista, hasta el punto de ejercerle una presión desquiciante. Pero un muchacho sin ramo también sube al autobús y comienzan a apoyarse el uno al otro.
  • En Cefalea, vemos la aventura paranoica de unos criadores intensivos de mancuspias, un animal inventado por Cortázar para este relato, y que comenzarán a provocar molestias físicas en la pareja de cuidadores que no saben como detener. Para colmo, se encuentran aislados del mundo
  • Circe hace clara referencia a la hechicera que en La Odisea envenenaba a los viajeros con sus pócimas. Aquí vemos una reinvención del mito por parte de Cortázar, plasmado en la figura de Delia, una muchacha que llora la muerte (supuestamente casual) de sus dos últimos novios. El protagonista del relato, desoyendo los consejos de todos sus amigos, familiares y conocidos, comienza una relación amorosa con Delia, quien cocina ricos platos para él.
  • Las puertas del cielo nos introduce en el ambiente de los clubes y de la juerga bonaerense, donde el protagonista acompaña a su amigo Mauro, quien acaba de perder a su pareja, una joven retirada del mundo del espectáculo que acaba de morir de tuberculosis. El mundo de los vivos y el de los muertos se fusionarán en una noche de locura
  • Bestiario es el cuento que da título al libro, y constituye un cierre magistral de la obra. Isabel es una adolescente que va a veranear a la casa de campo de los Funes, una hacienda grande y agradable. Mientras vamos siendo testigos de las tensiones familiares, hay un elemento que va condicionando la vida de la familia: un tigre anda suelto por la casa, y los trabajadores de la hacienda miran cada día en qué habitación está el tigre para que la familia no la ocupe.

Como vemos, son relatos peculiares, complejos hasta donde nosotros queramos complicarlos a base de encontrar símbolos e interpretaciones, pero que sin duda pienso que todo amante de la ficción debería leer como mínimo una vez, aunque donde se les saca especial jugo es en las relecturas. Bestiario es la obra imprescindible para comprender como funciona el mundo mágico ideado por Cortázar, una semilla que ha dado lugar a numerosos bosques de ficciones. Lo dicho, hay que leerla.

Y vosotros, ¿qué libro de relatos breves recomendáis? 

¡Besos y abrazos!



Julio Cortázar

lunes, 2 de noviembre de 2015

Pan. Knut Hamsun




Desde mi cabaña podía contemplar un sinfín de islas, islotes y arrecifes, una franja de mar, y alguna que otra cumbre de lejanas montañas. Detrás de la cabaña se extendía el bosque, un bosque enorme, cuyo aroma a raíces y hojas me llenaba de alegría y gratitud, y su graso tufo a pino recuerda al olor de la médula. Cuando me adentraba en él, descendía sobre mí el silencio, y mi alma rebosaba de equilibrio y poder. Día tras día paseaba por las colinas con Esopo a mi lado, sin otro deseo que el de poder seguir haciéndolo, aunque medio campo estaba todavía cubierto de nieve y barro blando. 

A menudo, por las noches, cuando volvía a casa tras la caza, me recorría de arriba a abajo una cálida sensación de hogar que incluso me provocaba dulces sacudidas. Y mientras me movía por la cabaña, hablaba con Esopo de lo bien que estábamos. Bueno, bueno, decía, ahora vamos a encender fuego y a freír un pájaro en el hogar, ¿qué te parece? Y cuando habíamos terminado, cuando habíamos comido los dos, Esopo ocupaba su sitio detrás del hogar, mientras yo encendía mi pipa y me tumbaba un rato en el catre a escuchar el murmullo muerto del bosque. El aire soplaba levemente, el viento bajaba hacia la cabaña, y se oía con toda claridad el tiritar del urogallo. Por lo demás, todo era silencio

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Knut Hamsun es uno de los nombres más relevantes de la literatura europea de finales del siglo XIX y de comienzos del XX. Su influencia es patente en generaciones posteriores, y por ello fue galardonado en 1920 con el Premio Nobel de literatura. Es por lo tanto uno de los escritores noruegos más afamados, perteneciente a una generación de autores escandinavos de notable relevancia, donde destacaría la alianza Hamsun-Ibsen. No obstante, sus ideas políticas afines al nacionalsocialismo alemán cuando estalló la Segunda Guerra Mundial han enturbiado bastante la visión de la figura de Hamsun.

Pan toma su título del dios griego de la caza y de la naturaleza salvaje, una deidad sumamente interesante y que era representado como un fauno o un sátiro, imagen que posteriormente se recicló para representar al demonio en la iconografía cristiana. Pan se describe como un espíritu rebelde, capaz de controlar la brisa del amanecer, el movimiento del ganado y el ritmo de crecimiento de las cosechas. Además, bebía grandes cantidades de vino, dormía enormes siestas y poseía un enorme apetito sexual que lo llevaba a cortejar cuantas ninfas, señoras o muchachos se pusiesen a su alcance.

Así, la novela es un canto de impresionante lirismo al dios Pan, deidad a la que vive entregado el teniente Glahn, el protagonista absoluto de la novela, un hombre extraño y desconcertante. Antes de meternos en el argumento en sí, es conveniente resaltar la belleza que transmite la novela. Hamsun es un maestro de la descripción, y aquí la utiliza de manera impresionante para deleitarnos con los abrumadores bosques noruegos, vastos, llenos de vida salvaje, en un ejercicio de impresionismo literario digno de ser leído. Tenemos pues una novela que se situaría entre un romanticismo tardío y en la antesala del existencialismo que vendría después, donde percibimos claras influencias mutuas con la visión del mundo que Thoreau plasmará en su Walden. Muy interesante, sin duda.

Como decía, la obra gira en torno al teniente Glahn, un hombre de cuyo pasado no sabemos absolutamente nada. Glahn vive junto a su fiel perro Esopo en una cabaña de un bosque noruego, se alimenta de los animales que caza y de los peces que captura, y vive en un permanente estado de embriaguez a causa de la majestuosa naturaleza que le rodea, con la que casi puede alcanzar a fundir su alma. Vemos en Glahn una visión panteísta del mundo y de la existencia que resulta muy atractiva.

Pero de buenas a primeras, el mundo perfecto de Glahn se verá quebrado al cruzarse ante él algo inesperado que lo sacará de su zona de confort y lo hará deslizarse por terrenos desconocidos: el amor. Glahn es socialmente inepto, y además, es una persona de una hipersensibilidad exagerada. Una mala mirada le tendrá una noche sin dormir pensando en ello, mientras que una sonrisa al despedirse hará que cante y salte de alegría. Así, su historia de amor con la bella Edvuarda, la hija de un cacique local, perturbará el idilio de Glahn con el bosque noruego para sumirle en un mundo complejo que lo llevará a descubrir la decepción amorosa y a conocer rincones de su alma que como lectores nos resultarán más que inquietantes.

En definitiva, Pan es una novela muy curiosa y bella, aunque algo desconcertante. Aún así, tras su lectura, es fácil concluir que hemos realizado un fantástico ejercicio de arqueología literaria, y que hemos tenido entre las manos una de esas obras que han hecho que la literatura dé un pasito hacia adelante en su eterno caminar junto al ser humano.

Y vosotros, ¿en qué obra habéis disfrutado más del entorno natural?

¡Besos y abrazos!

Knut Hamsun

lunes, 26 de octubre de 2015

Sukkwan Island. David Vann





     ¿Qué pasa?
     Pero su padre no respondió: solo entornó los ojos y dirigió la pistola hacia algo que parecía moverse en lo alto del techo. Roy fue a la otra habitación y observó a su padre desde la puerta.
     Su padre disparó, la explosión fue ensordecedora. Roy se llevó las manos a los oídos pero le dolían y no dejaban de rugir. Su padre disparó otra vez al techo. La Magnum 44 era una pistola enorme y ridícula y escupía fuego en la cabaña oscura, llenando el aire de azufre.
     ¿A qué le estás disparando?, gritó Roy, pero su padre no respondió. Volvió a disparar, una y otra vez, después tiró la pistola sobre un montón de ropa junto a la puerta y salió al exterior, bajo la lluvia, diciendo: qué apretados estamos, joder.
     Roy fue a la puerta y observó a su padre ahí fuera, mirando la lluvia y calándose sin su ropa de lluvia ni su gorro. El pelo enmarañado y aplastado sobre su cráneo y la boca roja abierta. Sus ojos se cerraban, se abrían y se cerraban. Los brazos sin tensión en sus costados, como si no hubiera nada que hacer salvo quedarse y que el cielo cayera.

     No había luz ni calor en la cabaña cuando su padre volvió. Roy estaba en su saco de dormir, contra la estufa, y había puesto latas para recoger las goteras y los chorros de agua que entraban por los nuevos agujeros del techo. Su padre se acercó y le dijo una y otra vez que lo sentía, pero Roy fingió que estaba dormido y no escuchaba, solamente lo temía y lo odiaba.

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La vida de David Vann dio un giro de ciento ochenta grados cuando, a sus tiernos trece años, su padre, un hombre de naturaleza inestable y depresiva, le pidió que pasase unos meses con él en un retiro padre-hijo en Alaska. El pequeño David rechazó inmediatamente la propuesta, y su padre se suicidó a las dos semanas. Fue tal el sentimiento de culpa que se generó en su mente que buscó en la escritura la catarsis que le permitiese vivir libre, y fruto de estos conflictos nació su ópera prima: Sukkwan Island.

Tras leer estos datos en una entrevista a David Vann hace unos cuantos años, su figura comenzó a interesarme. El entrevistador le preguntaba sobre la crudeza de sus libros, los bofetones de realidad que planteaba en sus historias y su necesidad de llevar a los personajes al límite. Definitivamente, Vann me había conquistado. Así que fui directo a buscar Sukkwan Island, y antes de abrir siquiera el libro me quedé embobado ante su portada, una ilustración biológica de un salmón, algo que a priori sería incluso bonito, que se torna en perturbador a causa de una mancha de sangre que parece gotear y extenderse poco a poco por nuestro libro.

He leido Sukkwan Island dos veces, y ambas lecturas me han dejado el mismo poso de impacto en la mente. Afortunadamente, es una novela muy breve (no llega a las doscientas páginas), porque es tal la crudeza y la brutalidad de la historia que cuenta, que de ser más largo podría convertirse en una historia ilegible. Vann ha sido inteligente y ha sabido darle el formato de una píldora agridulce y perturbadora.

La novela cuenta la historia de un padre y un hijo, Jim y Roy, que recuerda en ciertos momentos a la pareja de La carretera, de Cormac McCarthy (reseña aquí ). Jim es un dentista que lo ha vendido todo cuanto poseía para comprar una cabaña en Sukkwan Island, una isla ínfima ubicada en uno de los rincones más inhóspitos de Alaska, a la que solamente puede accederse en barco (y no siempre) o hidroavión. La idea de Jim es quemar el último cartucho de su vida, y para ello ha convencido a su hijo Roy, de trece años y que vive con su exmujer, para que pase junto a él un año en la cabaña, completamente solos, donde cazarán, pescarán, se conocerán y practicarán la educación en casa para que Roy no pierda el curso. El chico no quiere ir, pero termina accediendo por miedo a que su padre, un fracasado en todos los aspectos de la vida con tendencias autodestructivas, termine suicidándose en la cabaña.

Y así, la historia comienza en junio con la llegada a la cabaña y la prisa por acumular comida y provisiones para el crudelísimo invierno que se aproxima inexorable. Pronto seremos testigos de la angustia de Jim, preso en un entorno natural de una belleza impresionante, pero cruel e implacablemente salvaje. La relación son su padre se irá tensando, pues es un hombre destrozado psicológicamente, y sufriremos con sus llantos a media noche, su obsesión porque la aventura funcione y sus impotentes llamadas por radio arrastrándose para intentar recuperar a su última novia. Un ambiente tenso, asfixiante, que desembocará en un giro argumental impresionante hacia la mitad de la novela que nos dejará completamente asombrados. Aunque no menos que su final, el cual dejará en el lector un pellizco indeleble en el estómago.

Sukkwan Island
El estilo de David Vann se apoya en la frase corta, en la sencillez sintáctica y en la descripción breve que busca ser lo más gráfica posible. Un estilo muy efectivo que convierte a  Sukkwan Island en una novela muy fácil de leer. El salvaje ambiente natural está perfectamente recreado, al igual que el ritmo de trabajo de la pareja en la isla y las tensiones y conflictos emocionales que van surgiendo entre Jim y Roy, que convierten una situación a priori idílica en un pozo asfixiante del que parece imposible escapar.


Y termino. No me queda otra que recomendar Sukkwan Island. Me parece una novela oscura, perturbadora, dura e incluso cruel. Pero me encanta, y me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas, en especial sobre la pesadilla nihilista en la que estamos metidos hasta las cejas en el mundo contemporáneo. Eso sí, entiendo que no es una obra para todos los gustos, que se pueda ir regalando a lo loco. Absténganse quienes se impresionen fácilmente y quienes no digieran la rudeza literaria.

Y vosotros, ¿qué novela os encanta pero entendéis que no es apta para todo el mundo?


¡Besos y abrazos!



David Vann

miércoles, 14 de octubre de 2015

La insoportable levedad del ser. Milan Kundera





Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.

La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público. Ese es el caso del cantante alemán, de la actriz norteamericana y también del redactor con largas barbas. Estaba acostumbrado a sus lectores y, cuando un buen día los rusos cerraron su semanario, tuvo la sensación de que el aire era cien veces más enrarecido. Nadie podía reemplazarle la mirada de los ojos desconocidos. Le pareció que se ahogaba. Entonces fue cuando advirtió que la policía vigilaba todos sus pasos, que oían sus conversaciones por teléfono y que hasta le sacaban en secreto fotos en la calle. ¡De pronto los ojos anónimos estaban otra vez en todas partes y él podía respirar de nuevo! ¡Estaba feliz! Se dirigía con voz teatral a los micrófonos de las paredes. Había encontrado en la policía al público perdido.

La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas. Entre éstos están Marie-Claude y su hija.

Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad. Pertenecen a este grupo Teresa y Tomás.

Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores.

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Hace poco leía en un revista literaria las habituales quinielas de los candidatos al premio Nobel, esas que nunca suelen acertar y que además parecen gafar a los elegidos. Además de Murakami, que se incluye ya por defecto, afirmaban que este año sonaba con fuerza Milan Kundera. Y caí en la cuenta de que no había leído nada de él, pese a tener en mi biblioteca "La insoportable levedad del ser" desde hace ya tiempo. Es de esos libros que uno va dejando y dejando. Así que me levanté, me preparé un café y a leer se ha dicho. Conclusión: imprescindible.

Milan Kundera es un autor checho cuya biografía, producción literaria y pensamiento están marcados por la dicotomía establecida entre su ideología comunista teórica en contraposición a los horrores que vivió a causa del comunismo totalitario ejercido en su país por Rusia. Así, Milan Kundera fue acogido por Francia en 1980 e incluso ha renunciado a escribir en su lengua materna, el checo, para hacerlo en su lengua adoptiva, el francés.

Con respecto a "La insoportable levedad del ser", he de decir que una vez terminado el libro, deja una sensación inevitable y en parte agridulce de que muchas cosas se han quedado en el tintero, ya que la densidad y la complejidad de muchas ideas incluidas en las capas más profundas del relato es más que notable. Aún así, no es necesario llegar a dichos estratos. La novela se disfruta plenamente en una primera lectura. Eso sí, una lectura atenta.

"La insoportable levedad del ser" es una mezcla turbia de literatura, filosofía y política que resulta fascinante. Estas tres fuerzas actúan sobre los personajes ideados por Kundera, que son una especie de monigotes con los que el narrador va poniendo a prueba sus teorías. Analicemos cada plano.

El filosófico es claramente el más complicado y denso de toda la novela, y parte de la idea de Nietzsche del eterno retorno, un concepto complejo que afirma que en el universo infinito todo tiende a repetirse una y otra vez para concluir que en este contexto, nuestras vidas, condenadas por el tiempo a tener una sola oportunidad para realizar cada decisión que tomemos, son insignificantes, leves. Así, esta idea se desarrolla en plantel de personajes, que vienen a representar cada uno una filosofía vital, una elección concreta, un concepto filosófico, y  que buscan insistentemente el sentido de su existencia con el telón de fondo del amor y de la vida en pareja. Así, seremos testigos de su vida cotidiana, plagada de innumerables conflictos sexuales y emocionales que resultan fascinantes. Kundera lleva a sus personajes a traspasar aquellos límites que él no ha intentado siquiera cruzar en su vida. Son experimentos de las acciones y decisiones que él podría hacer tomado y no tomó. Son su segunda oportunidad: su eterno retorno.

En lo referente al estrato literario, conocemos la historia de Tomás, un cirujano checo obsesionado con acostarse con todas las mujeres posibles una sola vez, hasta que Teresa se cruza en su vida para quedarse para siempre y romper su frenética vida de soltero mujeriego. Aunque esto sólo ocurra en teoría, pues a pesar estar enamorado de Teresa, Tomás no renuncia a mantener una enorme agenda de amantes que visita con frecuencia, de las que destaca Sabina, uno de los mejores personajes de la novela. Sabina es una pintora liberal, y en su estudio leeremos pasajes (la mayoría sexuales o filosóficos) dignos de recordar; de hecho, uno de los siete capítulos del libro está en exclusiva dedicado a ella y a otro de sus amantes, Franz. Y el argumento se quebrará cuando las garras de la Rusia comunista se extiendan sobre Checoslovaquia, y las vidas de todos los personajes cambien para siempre, lo que nos lleva al plano político.

El trasfondo político y social de la novela es más que notable, pero Kundera evita en todo momento ponerse especialmente dramático contando los horrores derivados del Comunismo totalitario ruso que desembocaron el la Primavera de Praga, hecho histórico que se cuenta en la parte final de la novela. Veremos intelectuales reprimidos, expulsados, asesinados; micrófonos instalados en casas y fotógrafos retratando a gente realizando actividades "sospechosas". De este modo, se nos muestra el totalitarismo, proceda de la ideología que proceda, es algo condenado a reaparecer en el concepto de sociedad creado por el hombre. Es algo que participa del eterno retorno de Nietzsche.

He de decir que el libro es una fuente inagotable de pasajes que te dejan con la boca abierta, por lo que me ha resultado muy difícil  elegir uno para la cabecera. Mi ejemplar ha quedado exhausto de tanto subrayado, nota al margen, post-it y fluorescente, porque leer "La insoportable levedad del ser" es quedarte con la boca abierta prácticamente en cada página.

En definitiva, la obra de Kundera es un libro maravilloso y extraño, de los que dejan una huella inevitable en todo aquel que lo lea. La fama que lo precede es totalmente justificada, hasta el punto de que pienso que es de esas obras que todos deberíamos leer para comprender un poco mejor nuestra naturaleza humana. 

Y vosotros, ¿qué novela calificaríais de imprescindible?

¡Besos y abrazos!

Milan Kundera



lunes, 12 de octubre de 2015

Sunset Park. Paul Auster


Sí, el descubrimiento del fuego dio calor al hombre y acabó con la dieta de carne cruda; la construcción de puentes le permitió cruzar ríos y corrientes sin mojarse los dedos de los pies; la invención del aeroplano hizo posible que saltara océanos y continentes mientras creaba fenómenos nuevos como el desfase horario y la proyección de películas durante el vuelo: pero aunque el hombre haya cambiado el mundo circundante, el hombre mismo ni ha cambiado. Los hechos de la vida son constantes. Vivimos y después morimos. Nacemos del cuerpo de una mujer, y si logramos sobrevivir a nuestro nacimiento, nuestra madre debe alimentarnos y cuidarnos para garantizar que sigamos viviendo, y todo lo que ocurre entre el momento del nacimiento y la muerte, toda emoción que nos embargue, todo arrebato de ira, toda oleada de deseo, todo acceso de llanto, todo ataque de risa, todo lo que sintamos a lo largo de nuestra vida también habrán de haberlo sentido todos los que vinieron antes de nosotros, ya sean cavernícolas o astronautas, ya habitemos en el desierto de Gobi o en el Círculo Polar Ártico.

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¡Qué grande es Paul Auster!, y qué placer tan inmenso provoca su lectura, capaz de hacernos evocar en nuestras mentes tal marasmo de sentimientos, sensaciones y recuerdos soterrados, o simplemente de identificar ideas escondidas en algún rincón de nosotros para las cuales aún no teníamos un nombre. Por eso (y por mil cosas más), Paul Auster es una de mis grandes debilidades literarias. Pienso que merece el Nobel, aunque si nunca se lo otorgan (que es lo más probable), dará igual. Es y será un grande con mayúsculas. He de confesar que tengo en mi biblioteca algunos de sus libros aún sin tocar, cuya lectura voy aplazando porque no quiero terminar su obra. No quiero que Paul Auster no tenga nada más que contarme.

Para aquellos que aún no conozcan a Auster, que supongo que seréis pocos (ya estáis tardando), el bueno de Paul es un neoyorquino de ascendencia judía obsesionado con el béisbol, la buena música y el cine, tres temas que de manera tangencial aparecerán en prácticamente todas sus obras. Su magníficas maneras literarias se han forjado a base de leer y traducir los clásicos franceses y de experimentar con relativo éxito una enormidad de variedades textuales, entre las que destacan la poesía, la obra de teatro en un acto y el guión de cine.

La que hoy nos ocupa, "Sunset Park", es la última obra de ficción escrita por Auster, allá por 2012. Siguiendo la tónica de todas sus obras, "Sunset Park" es una novela de escasa acción, pues Auster tiene como absoluta prioridad sus personajes, creaciones tan humanas que alcanzan lo apabullante. Estos personajes-persona se integran en una trama que posee la intimidad de lo cotidiano, de tal manera que el resultado es una historia con alma, con magia, con ciencia literaria, basada únicamente -y aquí radica el genio de Auster- en que a una serie de personas les sucedieron muchas cosas en el pasado, les ocurren algunas cosas en la narración que leemos, y les seguirán ocurriendo muchas cosas cuando cerremos el libro y continúen su etérea existencia.

En "Sunset Park" conocemos la historia de su personaje central, Miles Heller, además de las historias paralelas y perpendiculares de un peculiar elenco de secundarios. Miles es un joven que vive en Miami como empleado de una empresa dedicada a ejecutar desahucios bancarios, y que siete años atrás decidió romper bruscamente la relación con su familia (de posición socioeconómica alta) por un hecho misterioso que le atormenta sin remedio. El muchacho conoce a Pilar Sánchez, una bellísima cubana que aún va al instituto, y cuya hermana comienza a chantajear a Miles amenazándolo con denunciarlo por abuso de menores si no accede a ciertas concesiones económicas. Para evitarlo, Miles decide regresar por fin a Nueva York, el punto de partida de su huida, hasta que Pilar cumpla los dieciocho. Allí comienza a vivir en una casa okupa en Sunset Park que administra su amigo Bing Nathan, la única persona de su pasado con la que Miles tiene contacto, y quien a espaldas de Miles ha ido informando a sus padres del estado de salud del muchacho y de los principales cambios en su vida a medida que se iban carteando.

Partiendo de esta situación, la narración transcurrirá con la fluidez a la que el maestro Auster nos tiene acostumbrados. Conoceremos a las dos huéspedes restantes de la casa, Ellen y Alice, y a los padres de Miles, siendo especialmente interesante el personaje de Morris Heller, el padre, un ejemplo de realización personal por haber levantado de la nada una editorial literaria de cierto éxito que está siendo engullida por la crisis cultural que azota a la sociedad del siglo XXI. Con este elenco sobre el tapete, se desarrollará una gran variedad de temas como el miedo a enfrentarse al pasado, la identidad sexual, los complejos físicos, la infidelidad, la moralidad del sistema capitalista o la capacidad del azar para marcar una vida para siempre.

Hablar de estilo en Auster es hablar de maestría, pues el genio de Brooklin hace lo que le da la gana. Leer "Sunset Park" es un placer desde la primera palabra hasta el punto y final. Escrita en presente simple y omitiendo la raya en los diálogos, la novela toma un punto de vista polifónico y centra cada capítulo en uno de los personajes, un mosaico que nos ayuda a construir pieza a pieza la historia de Miles Heller.

Y concluyo. "Sunset Park" es una gran novela, aunque deberían evitarla aquellos amantes de la acción incesante y trepidante. Es una historia de personajes, de sus vidas y sus preocupaciones, donde Paul Auster vuelve a poner de manifiesto que es, de largo, uno de los jefes del cotarro. Leedla.

Y vosotros, ¿quién es vuestro autor de referencia, ese que no queréis que se os acabe nunca?

¡Besos y abrazos!

Paul Auster


martes, 6 de octubre de 2015

Perdida. Gillian Flynn





    Eché a correr, bramando su nombre. A través de la cocina, donde se estaba quemando una tetera, escaleras abajo, donde el cuarto para invitados del sótano seguía completamente vacío, para salir finalmente al exterior por la puerta trasera. Atravesé con celeridad el patio hasta alcanzar el esbelto embarcadero que sobresalía sobre el río. Miré por un costado para ver si estaba en nuestro bote de remos, donde la había encontrado otro día, amarrada al muelle, dejándose mecer por la corriente con el rostro vuelto hacia el sol, los ojos cerrados. Mientras observaba los deslumbrantes centelleos del río y su hermoso rostro inmóvil, Amy abrió repentinamente sus azules ojos y me miro sin pronunciar palabra. Yo tampoco le dije nada a ella y regresé a casa solo.

    - ¡Amy!
  
    No estaba en el agua ni estaba en la casa. Simplemente no estaba.

    Amy había desaparecido


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"Perdida" cayó en mis manos tras su exitosa adaptación al cine el año pasado protagonizada por nuestro próximo Batman. Algunos amigos me comentaron que la película les había gustado mucho, y tal y como acostumbro, decidí leer primero la novela de esta autora (para mí, al menos) desconocida. Una rápida búsqueda en Internet corroboró que estamos aquí ante una escritora poco prolífica, que cuenta solamente con tres obras publicadas; la que hoy nos ocupa fue publicada en 2012 y es, hasta el momento, lo último que la autora ha tenido a bien narrarnos. Como dato, "Perdida" fue la novela que consiguió desplazar a "50 sombras de Grey" del primer puesto de ventas en los EEUU.

Si nos ponemos a encasillar, "Perdida" es lo que la crítica llamaría un Trhiller psicológico que calzaría perfectamente en ese gigantesco leviatán de las letras que llamaríamos Best-sellers. No obstante, creo que la novela está bastante por encima del nivel medio de estas obras, y que sería precipitado en exceso descartar su lectura por considerarla una obra del montón. Porque aporta ciertas cosas muy interesantes. Veámoslas.

Para empezar, la principal virtud de "Perdida" es que engancha sin remedio: es lo que la crítica anglosajona denominaría un page-turner de manual. Así que por el lado del entretenimiento, una de las funciones básicas de la lectura, cumple más que de sobra. Es de esas historias de las que quieres saber más y más y uno apura la hora de apagar la luz para leer hasta el final del capítulo. Excelente.

Por otro lado, es necesario detenernos en los numerosos giros argumentales que acontecen en la historia. Algunos de ellos son predecibles (los menos) y otros, especialmente uno a mitad de la novela, te dejan literalmente en shock, hasta el punto de no dar crédito a lo que estás leyendo; y es que en esta historia, el lector pronto se dará cuenta de que el narrador no es de fiar, de que le engaña y le traiciona... y es una sensación maravillosa.

Vayamos al argumento en sí. "Perdida" nos cuenta la historia del joven matrimonio Dunne, formado por Nicholas, un redactor cuyo despido de una revista aún lo atormenta dos años después, y Amy, la dulce Amy, una sofisticada y rica neoyorquina que tras quedarse también en paro, acepta con resignación que su marido la arrastre a su tierra natal, el Missouri profundo, para hacerse cargo de su madre moribunda y cumplir su sueño (solamente el de él) de regentar un bar a medias con su hermana melliza. Así, la anodina vida en el tranquilo pueblo de  Carthage se ve truncada la mañana del quinto aniversario de la pareja cuando Amy desaparece. Prácticamente se evapora. El pueblo entero se volcará en su búsqueda, y rápidamente comienzan a aparecer pistas de violencia y conspiración que señalan de manera inequívoca a su marido, quien parece esconder muchos, demasiados secretos. Como vemos, una propuesta muy interesante llena de recovecos, dobleces, sorpresas y misterios que van tensando la cuerda hasta alcanzar un nivel de tensión argumental fantástico.

Por último, si nos centramos en la parte estilística, la novela también cumple. Gillian Flynn es una escritora moderna y directa, que llama a las cosas por su nombre y describe de manera sencilla pero bastante gráfica. Quizás podríamos percibir en ella cierta influencia de la generación Beat americana (Kerouac, Burroughs y compañía) combinada con el efectivo estilo de la llamada literatura de supermercado que Stephen King abanderó.

Para concluir, diremos que "Perdida" es una buena novela, interesante y muy recomendable para quien disfrute de los misterios, de las pistas, de las investigaciones y de las sorpresas inesperadas en un libro. Una lectura fácil y muy agradable que puede servir para desconectar de otras más densas.

Y a vosotros... ¿qué novela os ha sorprendido con un buen giro en la trama?

¡Besos y abrazos!

Gillian Flynn

jueves, 26 de febrero de 2015

Doctor sueño. Stephen King



      La parte racional de su pensamiento le decía que la mujer no era más que un fragmento de pesadilla no recordada que le había perseguido más allá del sueño y a través del pasillo hasta el cuarto de baño. Esa parte insistía en que si volvía a abrir la puerta, no habría nada ahí dentro. Seguro que no habría nada, ahora que estaba despierto. Sin embargo, otra parte de él, una parte que "resplandecía", sabía más. El Overlook no había acabado con él. Al menos uno de sus espíritus vengativos le había seguido la pista hasta Florida. Ya una vez se había encontrado a esa mujer despatarrada en la bañera. Había salido e intentado estrangularle con sus (terriblemente fuertes) dedos apestosos. Si ahora abría la puerta del baño, ella concluiría el trabajo.
      Se arriesgó a arrimar una oreja a la puerta. Al principio no oyó nada. Pero entonces oyó un ruido muy débil.
      Uñas de dedos muertos arañando la madera.
      Danny caminó hasta la cocina con piernas ausentes, se subió a una silla y orinó en el fregadero. A continuación despertó a su madre y le dijo que no utilizara el cuarto de baño porque dentro había una cosa mala.

   

Hay una serie de expresiones unidas de forma indivisible al nombre de Stephen King. Las más destacadas seguramente sean "maestro del terror" y "Best-seller". Estos calificativos, como la mayoría de los tópicos aplicados a casi cualquier realidad, pienso que lo único que hacen es empobrecer aquello de lo que se habla, además de crear prejuicios que pueden desembocar en el rechazo. Por eso, creo que algún día la crítica reconocerá a King como lo que es: un constructor de personajes nato, un arquitecto de ficciones, un maestro de la psicología en todas sus formas. En definitiva, un pedazo de escritor.

Como sabemos, la obra de Stephen King es gigantesca, casi inabarcable, pues su pluma (literalmente, pues siempre ha afirmado que escribe gran parte de sus obras, incluso las modernas, con una pluma Waterman) ha dado vida a más de treinta novelas y un buen puñado de libros de relatos, guiones de cómics y todo aquello que se le ponga a tiro. Películas inolvidables como Cadena perpetua, La milla verde o Cuenta conmigo son adaptaciones de sus obras que han calado históricamente entre el gran público. 

Pero no toda la obra del tito Steve (he leído tanto suyo que me permito ciertas confianzas) puede estar al mismo nivel, y creo que desde el cambio de milenio sus historias han dado un pequeño bajón de calidad con respecto a sus impresionantes obras de los años 70-80 como Carrie, IT, Misery, Salem´s Lot, El Resplandor o Cujo. Así que tras publicar en 2013 su decepcionante Joyland, tito Steve se atreve a sacar del guardapolvo uno de sus personajes míticos, Dan Torrance, el niño de El Resplandor, para contarnos qué es de su vida tras su traumática y horrorosa experiencia en las montañas de Colorado, cuando fue con sus padres a encargarse del mantenimiento invernal del Hotel Overlook.

Para comenzar con el libro he de decir que es gratificante encontrarse con una historia de calidad alta, que sin estar al nivel de las magníficas obras del siglo pasado, cumple las expectativas con creces y a pesar de tener ciertos puntos flojos deja buen sabor de boca, especialmente si hemos leído El Resplandor, una obra que dicho sea de paso, destrozó Kubrick con su mediocre película, que provocó que muchos espectadores jamás leyeran el libro por pensarse conocedores de la historia. Error.

Como hemos dicho, la novela cuenta la historia de Dan Torrance, que se encuentra atrapado en una vida destructiva que sigue el mismo patrón que la de su padre, casi por determinismo genético. Sumido en una espiral de alcoholismo, vagando por la América profunda trabajando por unos dólares como chapuzas y atormentado por el Resplandor, ese extraño don psíquico, Danny buscará su redención, su última oportunidad, instalándose en un pequeño y agradable pueblo de Nueva Inglaterra. Allí comienza una nueva vida gracias al programa de Alcohólicos Anónimos y a su trabajo en la residencia de ancianos.

Dos hechos precipitan una historia vertiginosa, basada en la narración de presas y cazadores. La aparición de una niña, la adorable Abra Stone, quien posee un Resplandor mucho mayor que el de Dan, y con la que comienza a comunicarse psíquicamente; y la presencia de una organización milenaria llamada El Nudo Verdadero, una especie de vampiros que se hacen pasar por paletos americanos para no llamar la atención. El Nudo Verdadero está siempre en movimiento en sus enormes caravanas, posee recursos económicos ilimitados y transita por todo del país desde que fue fundado buscando el alimento que los hace casi inmortales: el Resplandor que poseen algunas personas muy especiales.

El nombre de la novela es el apelativo que Danny se gana en la residencia de ancianos, pues su cometido allí es el de ayudar, mediante su don, a pasar de la vida a la muerte de forma agradable y en paz. Él es el Doctor Sueño, quien se moja los pies para ayudar a cruzar la laguna.

Como vemos, la historia promete mucho, y la verdad es que mantiene atrapado hasta el final. Como pegas, pienso que el villano de la historia no está al nivel de otros antagonistas de Stephen King; Rose "la Chistera" no provoca el miedo de Cujo o del mítico payaso Pennywise -de hecho no provoca nada de miedo-. Además, a pesar de ser un libro cuyo desenlace está bien resulto, creo que al final hay un par de sucesos introducidos con calzador, que no revelaré para no destripar nada.

En definitiva, creo que Stephen King ha escrito por fin una obra que vuelve a estar a la altura, pero que mucha gente podría despreciar por buscar lo mismo que nos ofrecía El Resplandor. Son libros diferentes, escritos en épocas muy diferentes en la producción de King, por lo que no son comparables. Quien sepa desligarlos y se deje atrapar por Doctor Sueño tiene unas buenas horas de lectura garantizadas.

Yo al menos las he tenido

¡Besos y abrazos!



Stephen King

martes, 14 de octubre de 2014

Los perros de Riga. Henning Mankell




Luego, mientras él carraspeaba, ella abrió la puerta sigilosamente y desapareció.
Se había presentado en el hotel porque quería hablarle de su difunto marido y porque tenía miedo. Las instrucciones eran claras: cuando llamasen a su habitación preguntando por el «señor Eckers», Wallander tendría que dirigirse al vestíbulo, luego bajar las escaleras que daban a la sauna del hotel y buscar una puerta de acero gris situada junto a la entrada de mercancías, que podría abrir desde dentro sin llave, y una vez en la calle, ella estaría esperándole detrás del hotel para hablarle de su difunto marido.
«Please —había escrito—, please, please.» Ahora estaba seguro de que en su rostro no solo había miedo, sino también rebeldía, acaso odio.
«Aquí está ocurriendo algo más grave de lo que me imaginaba —pensó—.


Hoy llega a Pseudoficciones la segunda novela de la serie "Wallander", cuya brillante apertura, Asesinos sin rostro, reseñamos aquí.

En Asesinos sin rostro conocíamos a Kurt Wallander, inspector de policía de la tranquila localidad de Ystad, al sur de Suecia. Veíamos a un hombre decadente, cuya existencia naufragaba a la deriva como consecuencia de sus fracasos emocionales, afectivos y personales. Aun así, el bueno de Kurt se enfrentaba, o más bien se aferraba para poder seguir de pie, a una profunda investigación por el misterioso y brutal asesinato de una inofensiva pareja de ancianos. Un caso oscuro y sórdido que hacía las delicias de cualquier lector mínimamente aficionado a la novela policíaca.

Así las cosas, este segundo "Wallander" transmite sensaciones claras ya en los primeros compases de su lectura. En primer lugar, un inmenso placer por reencontrarse con Wallander. Como ya señalábamos, nuestro inspector es un personaje trazado de manera formidabe: Mankell ha conseguido que padezcamos sus inquietudes, nos alegremos con sus avances en la investigación, sintamos rabia por sus frustraciones personales y que obviamente, lo echemos de menos hasta el punto de sabernos a gloria el primer café que compartimos con él en cada libro. En segundo lugar, Los perros de Riga emana una esencia de ambición. Se nota que Mankell ya domina a la perfección el universo que ha creado, y que tiene pensado algo grande para nosotros. Y en tercer lugar, vemos una mayor crudeza y sobriedad en el estilo, que interpretamos de manera muy positiva: Mankell ha evolucionado sus formas hacia un lenguaje más personal, seco y acorde al tono tétrico de su trama.

La novela comienza como lo hacía Asesinos sin rostro. Con un misterioso asesinato. En esta ocasión, el escenario es Mosby Stand, una inhóspita playa cercana a Ystad. Allí, una mujer que paseaba a su perro hace un macabro hallazgo: la corriente ha dejado en la playa un pequeño bote salvavidas con los cadáveres de dos hombres. Ambos han recibido sendos disparos en la frente, tienen los dedos machacados a golpes de martillo y alguien los vistió con trajes de lujo después de muertos. Además, su sangre está llena de anfetaminas y el barco posee una cuerda cortada, como de haber sido remolcado. Inquietante, ¿verdad?

El caso (como no) recae sobre el pobre Wallander, que se topará con una investigación complicada por la falta de pruebas y lo extraño de las circunstancias. Aunque poco a poco, y gracias a una llamada anónima, la investigación apuntará hacia un punto inéquivoco y extraño: Riga, la capital de la vecina Letonia. Y hacia allí tendrá que poner rumbo Wallander.

Si en Asesinos sin rostro alabábamos efusivamente la fórmula de Mankell de introducir una trama social como trasfondo de la investigación (la inmigración hacia los países nórdicos), en Los perros de Riga volvemos a maravillarnos y de nuevo a celebrar la ambición mostrada por el novelista sueco, quien nos sumergerá de lleno en el corazón de la Riga recién separada de la Unión Soviética, donde el futuro es incierto y las facciones partidarias de continuar bajo el amparo ruso disputan contra los grupos que miran hacia un futuro lejos del comunismo una macabra y cruel partida de ajedrez, que sorprenderá a Wallander en el centro del tablero. Así, nuestro protagonista se verá inmerso en una cultura extraña, donde varios pares de ojos lo vigilarán día y noche y nada será lo que parece.

En Riga respiraremos miseria, miedo y desconfianza. Recorreremos calles frías pobladas por una sociedad resentida y devastada; y Wallander pronto se dará cuenta de que su investigación está siendo manipulada para que descubra solamente aquello que satisface a ciertos intereses. Pero Kurt decidirá llegar hasta el final, consciente de que los perros de Riga acechan desde las sombras esperando a morder si traspasa ciertos límites.

En definitiva, estamos ante una novela magnífica, que supera en todo a su predecesora, lo que ya es mucho decir, y que profundiza en un tema interesantísimo como es la sociedad báltica tras la escisión de la URSS. Todo ello aderezado con un impresionante caso de asesinato... y un amor.

Una lectura obligatoria. Eso sí, se recomienda leer antes Asesinos sin rostro

Y vosotros, ¿habéis leído alguna saga que mejore con cada entrega?

¡Besos y abrazos!

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Asesinos sin rostro. Henning Mankell







La grava helada crujía bajo las ruedas. Kurt Wallander conducía detrás del coche patrulla. Pasaron la salida de Trunnerup y subieron las cuestas empinadas que llevaban a Lenarp. Se metieron por un estrecho camino rural, no más ancho que un tractor, por el que recorrieron un kilómetro. Dos granjas, una al lado de la otra, dos edificios alargados pintados de blanco y con jardines muy cuidados.
Un hombre mayor se acercó apresuradamente. Kurt Wallander vio que cojeaba, como si le doliera una rodilla.
Al salir del coche se dio cuenta de que se había levantado el viento. Puede que nevase, después de todo.
En cuanto vio al hombre supo que algo verdaderamente desagradable le esperaba. En aquellos ojos había un brillo de espanto que no podía ser fingido.
—Forcé la puerta —decía con tono febril una y otra vez—. Forcé la puerta porque tenía que verlo. Ella está a punto de morir, ella también.



Henning Mankell se ha convertido por méritos propios en el referente contemporáneo de la novela negra. En realidad, Mankell es un excelente dramaturgo, que consiguió sus primeros éxitos escribiendo obras de teatro de una calidad más que notable. Pero el sueco consiguió el reconocimiento mundial fuera del patio de butacas gracias a la serie de once novelas protagonizadas por el inspector de la policía de Ystad, Kurt Wallander. Hoy llega a Pseudoficciones la primera de la serie. El inicio del fenómeno Wallander: Asesinos sin rostro

La serie Wallander está de enhorabuena, pues está siendo reeditada por Tusquets en dos formatos: rústica y bolsillo. Personalmente me he decantado por la reedición de bolsillo; precio muy asequible y me encanta el detalle de poner una gran letra mayúscula en el lomo de cada volumen, de tal manera que al juntarlos en la librería todos los libros forman la palabra "Wallander". La serie está compuesta de las siguientes obras. Esperamos que todas puedan llegar a Pseudoficciones a corto plazo:

  1. Asesinos sin rostro (Mördare utan ansikte, 1991)
  2. Los perros de Riga (Hundarna i Riga, 1992)
  3. La leona blanca (Den vita lejoninnan, 1993)
  4. El hombre sonriente (Mannen som log, 1994)
  5. La falsa pista (Villospår, 1995)
  6. La quinta mujer (Den femte kvinnan, 1996)
  7. Pisando los talones (Steget efter, 1997)
  8. Cortafuegos (Brandvägg, 1998)
  9. La pirámide (Pyramiden, 1999; cuentos)
  10. El hombre inquieto (Den orolige mannen, 2009)
  11. Huesos en el jardín (Handen, 2013)


Hace poco comenté en el Blog La princesa de hielo, la primera obra de la serie ´Fjälbacka´de Camilla Lackberg, la escritora sueca que más éxito y difusión ha conseguido dentro del marco de la nueva novela negra europea. Afortunadamente leí a Camilla en primer lugar y su obra me pareció entretenida, decente. Hoy obviamente me lo sigue pareciendo, pero creo que meter a Lackberg y a Mankell en el mismo saco es cuanto menos osado, pues la literatura de Camilla palidece de inmediato ante la comparación con su compatriota Mankell. Juegan en ligas diferentes. Algo que se nota ya desde los primeros compases de Asesinos sin rostro. Una vez dicho esto abandonemos la comparación y centrémonos en la obra que tenemos entre manos.

El caso que plantea Mankell en esta novela se inicia una fría madrugada en Escania, la región más austral de Suecia. Dos granjas aisladas. Dos familias de ancianos vecinas de toda la vida y disfrutando de sus últimos años dejando que el tiempo se deslice entre vastos parajes naturales. Nyström, propietario de una de las dos granjas, percibe algo extraño en el siencio de la noche y decide asomarse a la casa de los Lövgren. Lo que encuentra allí lo dejará conmocionado para el resto de sus días. Toda la habitación de matrimonio está impregnada de sangre. Las cortinas, las lámparas, los muebles y la cama. En el suelo yacen Yohannes y Maria, sus apacibles vecinos, brutalmente torturados hasta la extenuación. Ambos parecen muertos, pero el viejo granjero se obliga a reaccionar al darse cuenta de que la boca de la mujer rezuma un hilo de aliento.

A partir de aquí se inicia una apasionante investigación en la que nada es lo que parece, como en cualquier buena novela negra que se precie. Hay que tener en cuanta que estamos en el año 1991, y que la policía no posee los adelantos de hoy día, por lo que asistiremos a una investigación completamente tradicional. Con más cuaderno que ordenador.

El caso recae sobre Kurt Wallander, inspector de la policía de Ystad, el pueblo más cercano a las granjas donde se ha cometido el crimen. Wallander de inmediato conquista al lector. Es un personaje magnífico, sublime, al que el caso sorprende en uno de los peores momentos de su vida. Además de haber sido abandonado recientemente por su mujer, algo que aún no ha superado, su hija Linda lo ha condenado al ostracismo sin motivo aparente; su padre, que se ha ganado la vida pintando y vendiendo siempre el mismo cuadro, está a las puertas de lo que parece ser una enfermedad senil, su coche arranca a duras penas y para colmo, bebe cada vez más, come de cualquier manera y está ganando peso a un ritmo alarmante.

Como vemos, el asesinato se ha producido en las peores circunstancias posibles para el bueno de Wallander. Pero la cosa irá más allá. Suecia vive en ese momento un clima de crispación por la creciente inmigración de paises del este y de oriente medio, lo que está generando tensiones entre los numerosos campos de refugiados que se están creando cerca de las fronteras y ciertos sectores conservadores de la sociedad sueca. En este contexto, Wallander sufrirá una importante complicación cuando Maria Lövgren, la mujer torturada y de la que todo el país está pendiente, pronuncie una sola palabra antes de morir: "extranjero".

Y aquí dejamos la trama para no revelar más, puesto que es la esencia de la novela negra.

Poco más queda por añadir. Que Mankell ha hecho un trabajo magnífico. Wallander es un personaje completamente real, eterno, que incita a seguir conociendo su historia personal en los siguientes volúmenes y que transcurre paralela a la investigación generando tanto interés como ésta. Cuando escribo esta reseña ya he leído las tres primeras novelas de la serie Wallander, y considero un acierto espléndido de Mankell incluir en cada una de ellas un trasfondo social, político o racial en el que se enmarca el crimen en cuestión. Eso lleva la literatura de Mankell de una simple novela de misterio a un testimonio de los problemas de su época. Como hemos dicho, Asesinos sin rostro nos ilustra acerca de las tensiones y los conflictos que emanan de la creciente inmigración hacia los países nórdicos. Sin duda, interesantísima novela, absolutamente recomendable para cualquier perfil de lector.

Y a vosotros, ¿qué novela os ha dado a conocer un problema social o político que os haya sorprendido?

¡Besos y abrazos!




Henning Mankell



lunes, 21 de julio de 2014

El mapa y el territorio. Michel Houellebecq



   

          Fue allí, al desplegar el mapa, a dos pasos de los bocadillos de pan de molde envueltos en celofán, donde tuvo su segunda gran revelación estética. Era un mapa sublime; Jed, alterado, empezó a temblar delante del expositor. Nunca había contemplado un objeto tan magnífico, tan rico de emociones y de sentido, como aquel mapa Michelin a escala 1/150.000 de la Creuse, Haute-Vienne. En él se mezclaban la esencia de la modernidad, de la percepción científica y técnica del mundo, con la esencia de la vida animal. El diseño era complejo y bello, de una claridad absoluta, y sólo utilizaba un código de colores restringido. Pero en cada una de las aldeas, de los pueblos representados de acuerdo con su importancia, se sentía la palpitación, el llamamiento de decenas de vidas humanas, de decenas o centenares de almas, unas destinadas a la condenación, otras a la vida eterna


         Michel Houellebecq (gracias Silvia por enseñarme a pronunciarlo sin romperme la lengua), es uno de esos tipos que camina por la vida sin dejar indiferente a nadie. O lo amas, o lo odias. Y por lo que veo, quienes lo odian son legión; al menos a tenor de lo que llevo leyendo sobre él desde que me ha empezado a interesar. Houellebecq lleva colgada la etiqueta de enfant terrible en Francia, y sobre su obra y milagros se han vertido ríos de tinta, especialmente escritos en francés, porque cada vez que este señor abre la boca da mucho que hablar. Houellebecq no se muerde la lengua, es polémico por naturaleza, crítico, ácido y muy inteligente. Una combinación explosiva (a la par que interesante). Por lo tanto, estamos ante una de esas personalidades complicadas que suelen aflorar en el mundo de las letras y que suelen tener bastantes cosas que decir. Comprobémoslo.

          Houellebecq se granjeó cierta notoriedad literaria con Las partículas elementales y especialmente con Plataforma, una polémica novela en la que atiza sin compasión a la sociedad moderna, canalizando su crítica a través de un tema capaz de herir ciertas sensibilidades como es el turismo sexual. Plataforma llevó a Houellebecq a ser señalado por la sociedad francesa, que salía ampliamente damnificada de las peripecias que se narran en la trama, por la crítica europea en general e incluso por el integrismo islámico. Por supuesto, algo que trajo sin cuidado al bueno de Michel.

          Pero el bombazo y el éxito definitivo llegó en 2010, cuando Houellebecq publica El mapa y el territorio, una novela de grandes pretensiones que obtuvo fama mundial al ser premiada con el Goncourt, el galardón más importante de las letras francesas, lo cual contribuyó a que la literatura de Houellebecq fuese traducida a más idiomas y distribuida en muchos más países.

          Estamos ante una obra de marcado carácter existencialista, que llega a recordar en ciertos pasajes al estilo de Albert Camus. Es una novela ácrata, pesimista, mordaz, reflexiva, narcisista y brillante. Un regalo para el intelecto, pues (en detrimento de la agilidad argumental, algo que podría disgustar bastante al lector moderno), Houellebecq desliza constantemente reflexiones y digresiones de todo tipo, introduciendo de este modo la figura del narrador novelista-ensayista-filósofo bastante prepotente y pedante en ciertos pasajes. Pero ya sabíamos dónde nos metíamos, ¿verdad?

          El mapa y el territorio nos muestra un mosaico de personajes que comparten un rasgo esencial: la soledad. Todos son personajes sombreados, tenues y con cierto halo pesimista que les confiere una ternura que roza la compasión por parte del lector. Conocemos a Jed Martin y damos un paseo por toda su existencia; un paseo que comienza una navidad con la avería de su calentador, en víspera de la cena anual con su padre, el único contacto familiar que posee Jed. Nuestro protagonista es licenciado en artes, donde consiguió menciones gracias a una serie de pinturas sobre los utensilios industriales que han facilitado la transición a la sociedad moderna e industrializada: desde el motor de gasolina hasta el abrelatas o el destornillador.

          Aun así, Jed Martin se encuentra artísticamente perdido. No ve un camino claro, y subsiste con cierta dignidad viviendo en un apartamento de París con la ruidosa compañía de su hipocondríaca caldera roja. Pero la revelación llegará una noche cuando Martin entra en una gasolinera a repostar y a comprar algo de beber. Y aquí es donde el protagonista pasa a convertirse en una ironía, en un fantoche que Houellebecq utiliza para satirizar la vacuidad del arte contemporáneo. Pues en la gasolinera, Jed comienza su exitosa carrera no como pintor, sino como fotógrafo, al quedarse absolutamente fascinado ante las posibilidades artísticas de los mapas Michelin. De este modo, las fotos que Jed hace a los mapas, y a las que aplica ciertos retoques con Photoshop, comienzan a venderse como rosquillas entre la clase media pujante parisina, hasta el punto de firmar un contrato con la propia Michelin para la distribución de las fotos a unos dos mil euros de media por unidad. La exposición que elevará a la Martin a los cielos llevará por título la premisa básica que lleva la obra como trasfondo: El mapa es más interesante que el territorio

          Tras el éxito de los mapas, Jed retomará la pintura, iniciando una serie de cuadros llamada "Oficios sencillos", donde cada cuadro (de grandes dimensiones) retrata a una persona real desempeñando su trabajo, mostrando así una representación del tejido productivo de nuestra sociedad y la configuración de las cadenas de producción humanas. La serie, pintada por Jed en un período de siete años, va desde Ferdinand Desroches, carnicero caballar a Bill Gates y Steve Jobs conversando sobre el futuro de la informática, pasando por Aymée, escort girl, Claude Vorilhon, gerente de un bar-estanco o Damien Hirst y Jeff Koons repartiéndose el mercado del arte. Una vez iniciada la serie, un galerista ofrecerá a Jed exponer sus cuadros aprovechando su buen caché gracias a la serie "Mapas". Para ello, encargarán el texto a un escritor huraño y con necesidades económicas: Michel Houellebecq, a quien Jed Martin visitará en su deprimente casa irlandesa. Y es en la exposición cuando Jed pasará a convertirse en referencia del arte mundial, pues los mecenas más importantes del mundo pujarán por su tirada inicial de la serie "Oficios". Jed se convierte en famoso sin querer, prácticamente como lo hace todo. Y sin querer, su cuenta bancaria tras la exposición aumentará en unos veinte millones de euros; son los inicios de Jed Martin, el pintor de quien los futuros libros de arte dirán que fue quien plasmó en sus obras la historia de la producción moderna, creando un imperecedero reflejo de la identidad humana de un valor incalculable.

          Pero la historia dará un vuelco, un giro inesperado cuando un personaje será asesinado, virando la obra casi hacia la novela negra, con clímax incluido, donde asistiremos a la investigación del brutal asesinato con unos nuevos personajes entre los que destacará el solitario comisario Jasselin, un personaje magnífico. Todo un acierto narrativo de Houellebecq. Esta tercera parte, la del asesinato, supone un cambio de tercio radical en del desarrollo de la trama, y se nota que el autor está fuera de su elemento natural. Aun así, el conjunto de la obra resulta más que satisfactorio.

          En definitiva, El mapa y el territorio es una lectura desconcertante, que comienza sin un argumento sólido y concreto, pero que poco a poco va ganando muchísimo. Es cierto que en ciertos momentos Houellebecq resulta vanidoso y pedante, pero viendo la obra como un todo, he de reconocer que mi mente se ha sumido en numerosas divagaciones de provecho gracias a él. De mención también es cómo el autor nos sumerge en el mundo del arte a través de exposiciones, marchantes, galeristas y pintores; un mundo muy interesante, repleto de envidias, intereses y mentiras fruto de la cantidad de dinero que puede llegar a moverse.

          Houellebecq posee detractores y defensores. Todos ellos encontrarán argumentos de sobra en El mapa y el territorio que afiancen su postura.

          Y vosotros, ¿qué estáis leyendo este verano?


         ¡Besos y abrazos!



Michel Houellebecq




martes, 17 de junio de 2014

La princesa de hielo. Camilla Läckberg




La casa estaba desierta y vacía. El frío penetraba por todos los rincones. En la bañera se había formado una fina membrana de hielo. Y ella había empezado a adquirir un ligero tono azulado.
Pensó que, así tumbada, como estaba, parecía una princesa. Una princesa de hielo.
El suelo sobre el que se sentaba estaba helado, pero el frío no le preocupaba. Extendió el brazo y la tocó.
La sangre de sus muñecas llevaba ya tiempo coagulada.
El amor que por ella sentía jamás había sido tan intenso. Le acarició el brazo como si acariciase el alma que había abandonado aquel cuerpo.
No se volvió a mirar cuando se marchó. Aquello no era un adiós. Era un hasta la vista.





No entiendo de vinos. Desconozco todo el estridente lenguaje de la enología, y en las contadas ocasiones que me tomo una copa de tinto, me rijo por un principio casi prehistórico: si el vino me gusta, es un buen vino. Si no me gusta, pues no lo es. Al menos para mí. Me dan igual las guías, las puntuaciones, el buqué, la entrada, la salida o los tonos madera y cereza.

De libros entiendo algo más. Forman parte de mi profesión, pero sobre todo de mi ocio. Leo e intento desgranar cada novela, cada poema o cada autor con un placer que roza la embriaguez. A base de leer y de estudiar, creo haber aprendido a diferenciar lo objetivamente bueno de lo malo, lo que está bien escrito de lo que no, los personajes bien trazados, los trucos del buen narrador, los engaños al lector. En definitiva, lo que García Márquez llamaba "la carpintería de la escritura". Bien, pues Camilla Läckberg me ha descuadrado varias cosas. Porque su estilo no es precisamente brillante, su trama tiene lagunas, sus personajes patinan en ciertos puntos, y sin embargo, no puedes dejar de leer. Caes enganchado sin remedio. Por lo tanto, cabría hacerse la misma pregunta que con el vino: ¿es La princesa de hielo un buen libro porque me gusta?

Läckberg se ha convertido en un fenómeno de masas gracias a su serie de libros ambientada en un pueblecito pesquero situado la costa oeste de Suecia llamado Fjällbacka, siendo La princesa de hielo su apertura, que inmediatamente catapultó a Läckberg al Olimpo de la literatura Bestseller.

La premisa inicial es muy interesante. Erica, una escritora de biografías, vuelve al pueblo de su infancia a hacerse cargo de la casa de sus padres, que han muerto recientemente en un accidente de coche. Coincidiendo con su vuelta, Alex, su gran amiga del colegio, aparece muerta en la bañera. El cadáver está congelado debido al frío invernal y con las venas cortadas. Todo apunta a un suicidio, pero pronto la trama dará su primer giro inesperado, y Erica se verá envuelta en una apasionante investigación, con muertes, intrigas familiares, traiciones, malos tratos, romances, reencuentros sorprendentes y despedidas trágicas, planteándose así un mosaico enorme de personajes que componen la comunidad de Fäjallbacka, donde pocas cosas son lo que parecen y donde un asesino campa a sus anchas ante la impotencia de la policía, que no se da cuenta de que la solución pasa por levantar la alfombra y sacar el sucio polvo del pasado.

Läckberg juega bastante al engaño, basando su estilo en presentar abiertamente la psicología de sus personajes; sus motivaciones, frustraciones o rencores, pero siempre se guarda una baza, un resquicio que no cuenta al lector para sacarlo a la palestra en uno de los muchos giros argumentales que tiene la novela, y que descolocan la posición que teníamos preconcebida de ese personaje dentro de la trama. Como hemos dicho más arriba, algunos giros son predecibles, pero en otros hay que reconocerle a Läckberg su buen hacer.

Como otro borrón en el desarrollo de la novela, me gustaría añadir que hay ciertos puntos en los que la autora deja un poco de lado la trama policial, claramente la más interesante (o por lo menos para mí), para introducir una trama amorosa algo anodina e infantil. Un tajo de veinte páginas le hubiera sentado de maravilla al libro.

Poco más queda por añadir. Un libro sencillo de leer, agradable para quien le guste la literatura como puro ocio. Yo lo he leído (más bien devorado) en el el autobús que me lleva al trabajo, y ha sido una lectura perfecta para el viaje; quizás también muy apropiada para los que busquéis entretenimiento literario veraniego.

Conclusión: hablando de arte, no existen las verdades absolutas. La lectura es una opción personal basada en nuestros gustos. Y para gustos, colores, que se suele decir.

¿Y vosotros, habéis caído alguna vez atrapados por una novela perteneciente a alguna moda Bestseller?

¡Besos y abrazos!


Camilla Läckberg